¿Qué te duele en el alma?

publicado el 19 junio, 2018 a las 22:04

Manos y pies helados, cabeza pesada y adolorida, corazón acelerado, músculos tensos, respiración jadeante y pensamientos aterrorizantes, como si una tragedia estuviera a punto de suceder. Estos son algunos de los síntomas del trastorno de pánico, una de las enfermedades mentales más comunes del mundo. El problema es tan debilitante que, durante las crisis, la persona puede creer que está teniendo un ataque al corazón. Las crisis generalmente duran diez minutos, pero pueden llegar hasta media hora. La persona presenta los síntomas inesperadamente. El sufrimiento de la persona no ocurre sólo durante las crisis, sino también entre una y otra. Con miedo de tener nuevos ataques, ella se aleja de su familia y amigos. En algunos casos, sólo puede salir de la casa acompañada.

 

En el caso de la empresaria María Aparecida Nascimento de Oliveira, de 43 años, que comenzó a presentar trastorno de pánico a los 14 años. “No podía salir a la calle sola y dejé el colegio. También no podía esperar en filas, en medio de multitudes ni en lugares cerrados”.

Los síntomas surgidos a causa del bullying que sufría en la adolescencia. “Me sentía inferior y rechazada por mis compañeros. Tenía vergüenza por ser muy blanca. Más tarde, hice hasta sesiones de bronceado artificial para cambiar mi color de piel. Me sentía sola, vacía, triste, débil.

Mi vida cambió desde el primer día que pasé a buscar a Dios. Pude dormir bien la primera noche, porque hace mucho tiempo sufría de insomnio. A partir de allí, pasé a sentir sólo ganas de vivir”.

 

Consecuencias

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los trastornos mentales, o también conocidos como enfermedades del alma, conforman el 13% de todas las enfermedades existentes en el mundo.

En general son desencadenados por situaciones traumáticas, como alguna enfermedad grave en la familia, pérdida de un ser querido, violencia doméstica, problemas en la relación, entre otras. Por eso, son de difícil diagnóstico. “Muchas veces, la herida queda escondida en el fondo del alma. El desafío es entenderla para darle un tratamiento adecuado “, reconoce la neuropsicóloga Salete Fredmann.

Las enfermedades del alma también pueden desencadenar otros problemas de salud. De acuerdo con el cardiólogo João Vicente da Silveira, del Hospital Sirio-Libanés, muchos trastornos están asociados a enfermedades cardiovasculares. “Ansiedad, bipolaridad y depresión, por ejemplo, están ligadas a problemas como arritmias, infarto, insuficiencia cardíaca, muerte súbita y accidente cerebrovascular (ACV). También facilitan la aparición de la diabetes, que es un gran factor de riesgo de infarto agudo del miocardio “, explica.

El joven Edigard dos Santos Junior, de 20 años, tenía fuertes crisis de ansiedad. “Mi garganta se cerraba y sentía una presión muy fuerte en el pecho. Cada día, creía que iba a dormir y no me despertaría más.

Era una angustia tan grande que yo vivía pensando en cortarme. Cuando venían los pensamientos de muerte, me sentía muy débil.

Después de que fui a hacerme un examen, pasé por dos hospitales por un dolor en el pecho. Pero nada fue diagnosticado.

Pase a frecuentar las reuniones de liberación en la Universal y me entregué a Dios. Yo sabía que, si no recibía el Espíritu Santo, tarde o temprano, podrían haber más problemas. Entonces subí al altar para sacrificar toda mi vida. Cuando bajé, ya estaba lleno de Su Espíritu”.

 

La diseñadora de interiores Carolina Feitosa, de 29 años, sufría cuando era joven. Los síntomas surgieron después del término de una relación. “La bipolaridad era uno de los grandes desafíos en mi convivencia familiar. Algunos días, me despertaba y hablaba con todos; otros, yo no hablaba con nadie.

A los 13 años, Carolina empezó a hacer dietas en exceso y, por eso, tuvo anorexia y llegó a pesar 32 kilos. A los 15 años, vinieron las crisis diarias de compulsión alimenticia y la bulimia. “En esa época, llegué a pesar 88 kilos”. El deseo de obtener el cuerpo ideal era tan grande que ella se vició en remedios para adelgazar “Era una búsqueda incansable por el cuerpo perfecto, con mucha intensidad y exceso para obtener resultados rápidos.

Mi sed y determinación de conocer a Dios y liberarme de todo aquel mal era tan grande que pasé a ir todos los días a la iglesia. Yo me entregué 100% a Dios y empecé a obedecer su palabra. Todos mis complejos se acabaron, miedos, vicios, traumas. Hoy soy una mujer segura, confiada y fuerte. Semanas después, la primera puerta de trabajo se abrió; después, otra más grande y todo fue transformado”.

Este viernes en la Universal estaremos luchando en contra de todas las enfermedades del alma a las 8, 10, 15 y 20 hrs.

 

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