Al conocer el Espíritu Santo mi vida cambió por completo.
Empecé a tener una razón para vivir, Dios se hizo parte de mi vida.

Mi vida antes del Espíritu Santo era muy triste.
Tenía una fuerte depresión, sentía mucha soledad, tristeza, rabia al mismo tiempo y tenía un fuerte deseo de quitarme la vida. Para tratar de olvidar consumí drogas durante 10 años y tomaba alcohol desde los 13 años.
Estaba tan decepcionada de la gente que no confiaba, ni creía en nadie, tampoco creía en Dios. No aceptaba la ayuda de nadie.
Cuando más necesite ayuda, la busque en personas religiosas, necesitaba tanto una palabra de aliento, pero estas me dieron la espalda.
Odiaba a mi hijo de una manera terrible, pues tenía deseos de matarme, pero él dependía de mí y era mi única traba para hacerlo.
Al ser agresiva con mi hijo y la forma en que yo lo trataba el se volvió muy introvertido, al punto que las personas pensaban que él era autista y mudo, pues no sociabilizaba, no tenía amigos, ni hablaba con nadie. Además de eso él también tenía fuertes jaquecas.
Pasé años sin dormir en las noches, veía sombras y veía a un hombre que me seguía a donde yo fuera, incluso dentro de mi propia casa.
En mi familia cada hermana vivía su propio calvario, no teníamos comunicación. Cada cual realizaba su rutina, cumplía sus deberes y seguía deseando morir.
Económicamente ganaba bien, tenía un buen trabajo, pero mi sueldo se me hacía sal y agua, entre las drogas, el alcohol y las deudas no me alcanzaba para nada.
En la salud todo era mal, tenía ulceras gástricas y fuertes jaquecas que eran permanentes, sufría también del colon y no podía comer nada, intentaba mejorar mi vida con remedios, pero estos no me hacían efecto.
Al conocer el Espíritu Santo mi vida cambió por completo.
Conocí el Centro de Ayuda Espiritual y entendí que sólo la ayuda de Dios podría cambiar mi vida.
Dejé las drogas y el alcohol. Mi carácter empezó a cambiar, mi forma de pensar era diferente, la tristeza que me mataba todos los días desapareció y la soledad que tanto me atormentaba ya no estaba, ahora era diferente ya no me sentía desamparada en la vida.
Empecé a tener una razón para vivir, Dios se hizo parte de mi vida.
Yo antes mostraba una careta y actuaba como alguien que no era, siempre estaba enojada, al punto de llegar a dar miedo. Y eso se terminó cuando conocí a Dios.
Las enfermedades desaparecieron, la economía se estabilizó.
La relación con mi familia cambio, con mi hijo hoy existe el dialogo. El también paso a ser otra persona, más extrovertido, ahora tiene amigos y sociabiliza.
Los problemas espirituales terminaron, ya no veo sombras y ese hombre que tanto me asustaba desapareció.
Para mi el Espíritu Santo vino a ser todo, el día que tuve mi encuentro con Dios aprendí a depender de Él y Dios transformó mi vida.
Nancy Lovera.

 

Destacados

Día de la Iluminación

Vidas Transformadas

Programa de la Familia en Tv

Volver a Cambios de Vida